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Telescopios

Desde hace muchísimo tiempo el hombre ha estado interesado por el conocimiento de los cuerpos celestes. Muchísimas civilizaciones destacadas se dedicaron a la observación de la bóveda celeste y adquirieron un buen cúmulo de conocimientos, que posteriormente encontraron aplicación en la práctica en su mayoría.

Debido a que nuestros sentidos son muy limitados (en el sentido de que no podemos detectar con ellos objetos muy lejanos) se hizo necesaria la invención de aparatos que sirvieran de extensión a nuestro sentido de la vista (que es el que nos interesa por ahora para el estudio de los astros.) Estos aparatos reciben el nombre de telescopios ópticos, y su función es simplemente la de amplificar la luz proveniente de cuerpos lejanos (que no podemos ubicar a simple vista por el solo hecho de que la luz que emiten o reflejan no es de suficiente intensidad como para que nuestros ojos puedan registrarla.)

Como dijimos antes, los telescopios ópticos funcionan como amplificadores de luz, que es una radiación electromagnética. Esto nos hace imaginar que el uso de telescopios puede ser insuficiente para el estudio del Universo. Simplemente basta conjeturar que los cuerpos celestes no tienen por qué ser emisores o reflectores de luz. Un objeto de estas características queda definitivamente fuera del alcance de cualquier telescopio óptico, por más potente que sea. Sin embargo, no es nuestro propósito referirnos a esa clase de cosas por ahora.

Sección Eureka

El telescopio fue usado por primera vez a principios del siglo xvii. Aún existe alguna polémica acerca de quién fue la primera persona en enfocarlo hacia el cielo, pero de lo que no hay duda es que fue Galileo Galilei (un científico italiano) el primero que lo hizo de una manera sistemática y que supo apreciar la importancia de la información que obtuvo a través de ese instrumento.

Galileo tuvo noticia (mientras daba clase de matemáticas en Padua) de un instrumento óptico inventado por un holandés fabricante de anteojos, Lippershey. Se apresuró en construir uno de estos artefactos él mismo y en enfocarlo al firmamento. A pesar de que era un aparato pequeño, el telescopio de Galileo era lo suficientemente potente como para descubrir la existencia de cráteres en la Luna, manchas en el Sol y los satélites de Júpiter girando alrededor de ese planeta, cual si se tratara de un sistema planetario en miniatura. Además, Galileo comprobó que la Vía Láctea estaba formada por miríadas de estrellas. Hizo también otros descubrimientos que, para su época, resultaban inconcebibles.

El telescopio de Galileo es conocido como “telescopio refractor”. Básicamente consta de dos lentes: el objetivo cóncavo y el ocular. La lente cóncava proyecta la imagen de un objeto lejano sobre una pantalla colocada a cierta distancia de la lente. Esta distancia es la llamada distancia focal. La imagen formada en la pantalla se observa ahora con ayuda del ocular.

Kepler (un prestigiado astrónomo alemán) construyó un modelo del telescopio refractor, sólo que su objetivo era una lente convexa en lugar de cóncava. Este telescopio produce una imagen invertida en el ocular, pero resulta mucho más satisfactorio que el telescopio de Galileo.

El mismo año en el que muere Galileo se registra el nacimiento de otro gran científico: Isaac Newton. Newton idea un nuevo telescopio que recibe el nombre de “reflector”, pues utiliza un espejo en lugar de una lente para captar los rayos de luz. El principio del reflector es muy sencillo: la luz es reflejada desde un espejo cóncavo hacia su foco, donde la imagen resultante es captada por el ojo, que también tiene un ocular. El telescopio reflector de Newton tiene, en su foco, un espejito plano a 45 grados que desvía la luz para que la imagen sea fácilmente observable por un lado del telescopio, sin obstruir la entrada de la luz. Este telescopio recibe el nombre de Newtoniano.

El telescopio reflector tiene muchas ventajas sobre el refractor. Este último presenta defectos de aberración cromática (que no es otra cosa que un problema causado por la descomposición de la luz al pasar por un prisma y que causa una imagen imperfecta. Las lentes en el refractor hacen las veces de tales prismas.) mientras que este es un problema inexistente en el reflector. Es mucho más simple hacer y montar un espejo que una lente y, puesto que la luz no atraviesa el espejo, no tiene tanta importancia la calidad del cristal.

Otro reflector común es el Cassegrain. En él la luz que procede del espejo principal es reflejada hacia el tubo y, a través de un agujero en el espejo principal, llega al ocular. Una ventaja de este reflector es que puede obtenerse una gran distancia focal con un tubo corto y el observador mira hacia al objeto que está enfocando.

La porción circular del firmamento visible en el ocular se denomina campo de visión. Cuando de desea fotografiar grandes regiones del cielo a un mismo tiempo es necesario el uso de otra clase de reflectores. El más conocido de ellos el reflector Schmidt, que posee un espejo grande y una pequeña distancia focal, además de una placa correctora de cristal que sirve para eliminar algunas distorsiones del amplio campo de visión.

Además de los telescopios ópticos existe otra clase de telescopios que detectan otra clase de radiación electromagnética: las llamadas ondas de radio. En realidad no hay una gran diferencia entre la luz y las ondas de radio, pues lo único que hace distinción entre ellas es su longitud de onda. ¡Una onda de radio tiene del orden de 10,000 veces más longitud que una de luz! Los telescopios que recogen estas ondas de radio del espacio reciben el nombre de radiotelescopios y tienen forma de enormes antenas parabólicas, debido a que la señal que captan suele ser muy débil.

Los aparatos que hemos descrito ahora sólo forman una pequeñísima fracción de la cantidad de telescopios en funcionamiento desde hace mucho tiempo. Su uso se ha generalizado debido ya sea debido a su facilidad de construcción (en el caso de los telescopios ópticos) o a su efectividad (radiotelescopios.)

Como quiera que sea, desde el astrónomo experto hasta el aficionado, todos coinciden en que vale la pena echar una ojeada al cielo con ayuda de uno de estos caleidoscopios astronómicos, producto de la curiosidad y del ingenio del ser humano.

Topic revision: r2 - 31 Aug 2008 - 19:18:40 - Cuauhtemoc Pacheco