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Sección Eureka
Los Calendarios
¿Qué es el tiempo? La respuesta a esta pregunta los científicos no la saben; tan sólo saben cómo medirlo. De este hecho parten dos grandes interrogantes sobre la naturaleza del tiempo. A veces uno mira al reloj y nos preguntamos nuevamente: “¿Qué es el tiempo?” Una pregunta sin respuesta que es analizada profundamente por filósofos, místicos y científicos. La preocupación de la física es sólo por medirlo.
La manera más práctica de medir el tiempo requiere que dispongamos del algún fenómeno que sea regular en la naturaleza. La manera en que se ha hecho esto es muy simple: hallemos algo que ocurra periódicamente y luego definamos la unidad de tiempo en términos de la reaparición y repetición del fenómeno. Bien, escojamos un fenómeno: “un día” que es el tiempo en que transcurren dos amaneceres consecutivos y con esto podríamos medir el tiempo de una forma que pueda ser aceptada por todos.
Durante la historia de la humanidad el tiempo ha sido medido en términos del día (claro, lo que tarda la Tierra en girar sobre su eje) y en años (que es lo que invierte la Tierra en recorrer su camino al rededor del Sol.) Como notamos; el día, la noche y el año son los fenómenos regulares más evidentes para cualquier cultura del mundo, bueno... si tiene la suficiente curiosidad por lo que está pasando.
Pero en un día se pueden realizar muchas actividades como lo son comer, cazar animales, pescar, ir al mercado, visitar a la abuelita y para esto fue necesario “partir” el día y la noche en fracciones más pequeñas. Sí; es por eso que actualmente dividimos el día en 24 horas. El hecho de dividir el día en 24 horas o la parte diurna en 20 partes en completamente arbitrario. Si quisieras, tú podrías crear tu propia definición de hora. En verdad es divertido, el problema es que los sistemas que usamos actualmente están muy generalizados por la tradición y para implantar tu sistema tendrías que convencer a millones de personas. Los sistemas que se usan y que se han usado tienen sus pros y sus contras pero no tendríamos problema alguno si lo empleamos correctamente.
El primer gran esfuerzo en la medición del tiempo fue la creación del calendario, algo así como el reloj que mide y nos indica el lugar preciso de la Tierra en su órbita en torno al Sol. Auxilia para conocer la época de las estaciones; cuándo sembrar, cuándo viajar, cuándo proteger a la población de las inundaciones temporales, etc.
Uno de los problemas básicos al construir un calendario es que el número de días en un año no es un número regular. Sí; una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol no le toma 365 días exactos. Las culturas del mundo han creado sus calendarios realizando sus propias aproximaciones.
El calendario egipcio consistía de 12 meses con 30 días cada uno, seguidos de una fiesta de cinco días. En realidad el año trópico (que es el tiempo que tarda la Tierra exactamente en girar en torno al Sol) es de 365.2422 días solares medios. En otras palabras, aproximadamente 365 días y un cuarto de día. Esto significaba que el calendario se “corría” un cuarto de día o 6 horas cada año. Cada 4 años se acumulaba un día, cada 8 años dos días... De no corregirse ese error algunos lugares del mundo tendrían su “nieve de agosto”. Algo nada agradable.
La tradición de reunirse en fiestas de Año Nuevo se remonta a las antiguas celebraciones egipcias del final de su año. En esos días nada contaba, cualquier cosa podría suceder. Nuestro calendario moderno tiene mucho del antiguo calendario egipcio. Ellos, como nosotros, disfrutaban de lo mismo.
De las civilizaciones del mundo el calendario maya, a pesar de que ya no se utiliza, hoy en día merece nuestra atención por el hecho de que se trata del más perfecto que se conoce desde el punto de vista astronómico; superado tan sólo por los actuales cálculos realizados por computadora. Hacia el siglo III a.C. los mayas establecieron un calendario solar de 360 días dividido en 18 meses de 20 días cada uno, al que agregaron un nuevo mes de sólo 5 días.
Otro calendario que aportó la semana de 7 días fue el calendario hebreo. Es posible que el siete haya sido adoptado por el carácter sagrado que se le daba a ese número o que se relacionaba con las fases de la luna; ya que una semana representa la cuarta parte del mes lunar. El calendario hebreo es muy complicado. Ellos dividen el mes en 29 y 30 días alternadamente y el año consta de 12 meses, o sea de 354 días, y para corregirlo nos metemos en aprietos: esto provoca que agreguemos ¡7 meses cada 19 años!. Para explicar la operación nos llevaría una buena parte de la plana... No los culpes, los hebreos no se caracterizaron por desarrollar la ciencia y observar el cielo. Observar al Sol y a la Luna era como dirigir la mirada a los dioses de otras civilizaciones. Y otra cosa: el calendario hebreo fija su inicio en la creación del mundo por Dios, allá por el día 7 de octubre del año 3761 a.C. Actualmente se sabe que el Universo se formó hace unos quince mil millones de años. El universo es más antiguo de lo que parece. Si usáramos el calendario hebreo hoy viviríamos en el año 5757.
Los musulmanes no se quedaron rezagados. Su calendario inicia en el “Hégira”, la fecha en que Mahoma (su líder espiritual) huye de la Meca a Medina, ciudades del Medio Oriente y coincide con el 16 de julio del 622. Hoy, los musulmanes viven por el año 1374.
En épocas más recientes se creó el Calendario Republicano Francés instaurado a raíz de la revolución francesa el 24 de noviembre de 1793. Tenía como inicio el día 22 de noviembre del año anterior, día de la constitución de la república y constaba de 12 meses de 30 días (Florial y Pradíal en primavera; Mesidor, Termidor y Fructidor en verano; Vendimiario, Brumario y Frimarico del otoño; Nivoso, Pluvioso y Ventoso del invierno.) Si usáramos este calendario hoy estaríamos en el Pradíal del año 204 de la República. Curioso pero válido. Este calendario sólo vivió 13 años.
Existe un calendario romano: el juliano. Introducido por Julio César, que contaba el tiempo del Imperio Romano, la fundación de Roma. El lo estableció en al año 46 a.C (708 de la Fundación de Roma.) Pero lo mismo: también tenía errores y no concordaba con el año trópico. Más aún, se modificaba constantemente para que el mes de agosto (dedicado al emperador romano Augusto) tuviera los mismos días que el mes de julio (en honor a César.) Si hoy usáramos el calendario juliano estaríamos viviendo el año 2750.
Actualmente usamos el calendario gregoriano establecido por el papa Gregorio XIII en 1582 que, para ajustarlo al año trópico costó también un gran esfuerzo. Este calendario lo conocemos muy bien pero no esta exento de errores y parches. Toma como inicio el nacimiento de Jesús (guía espiritual de los católicos) en el año 0 y podríamos dedicar una edición completa para hablar de todos los ajustes, errores y usos que tiene actualmente. No es un calendario nuevo, toma como características partes del egipcio, del juliano, del hebreo... Culturas que de alguna forma estuvieron relacionadas. Cuando llegue el año 2000 esa fecha será intrascendente en otros lugares del mundo.
Los chinos usan animales, los aztecas el orden de su universo y los objetos de su naturaleza para nombrar a los días y meses del año...
Cañas, dragones, Sol, Luna, nacimiento de dioses, creación mágica de mundos, huidas de ciudades, nacimiento de personas, batallas cósmicas, revoluciones, fundación de ciudades... Todo esto ha marcado el inicio de la medición del tiempo en las culturas, una necesidad de colocar lo humano en la naturaleza, formas de medir y entender el tiempo.