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Por Javier Aburto Aburto
Por la luz es que conocemos el Universo; seres y cosas; átomos y galaxias. Y aún cuando nosotros vemos ese universo gracias a la luz, resulta interesante saber que no toda la información que tenemos acerca del Universo ha llegado a través de nuestros ojos. Es curioso: el único medio con el que contamos para obtener información es la luz, y resulta que no estamos capacitados para percibir TODA la luz...
Quizá hemos sabido, por ahí, de silbatos que producen sonidos que nuestro oído no puede escuchar, pero sí el de algunos animales (el de los perros, por ejemplo.) Esto es cierto y nos hace comprender que, pese a todo, nuestros órganos sensoriales (o sentidos) son demasiado limitados. Recordemos los sonidos que se producen al accionar las teclas de un órgano: las del extremo derecho suenan muy agudas (finas) y las del izquierdo muy graves (gruesas.) Ahora imaginemos que el número de teclas del órgano se incrementa considerablemente hacia la derecha (agudos) y hacia la izquierda (graves.) Llegará un punto donde el grado de agudeza o gravedad de los sonidos los haga imperceptibles a nuestro oído.
Lo que ocurre con el sonido y con nuestros oídos ocurre también con la luz y con nuestros ojos.
Nuestros ojos ven sólo una poca de la luz que existe en el Universo, la blanca, que, bajo ciertas circunstancias, podemos percibirla en sus diferentes colores (en el arcoiris, durante o después de la lluvia, por ejemplo.) A esos colores en los que se descompone la luz blanca, que pueden ver nuestros ojos, se les llama espectro de la luz. Existen fotografías de espectros en libros de Física, Astronomía u otras disciplinas. Con poca paciencia podemos obtener un espectro con el chorro de agua de la manguera de la casa, o con una barra triangular de cristal, llamada prisma.
Ese espectro -o luz blanca descompuesta- representa el reducido “teclado” de luz universal que pueden ver nuestros ojos (y aun así, ¡vemos a veces más de la cuenta...!) Hacia la derecha de ese espectro existen incontables "teclas de luz"... hacia la izquierda también. A la derecha, luz TAN LUMINOSA que nuestros ojos ya no alcanzan a percibir; hacia la izquierda, LUZ MENOS luminosa que la del espectro...
Pero el ser humano, con su vehemente sed de conocimiento y deseos de investigar, nunca estuvo satisfecho con sus limitaciones sensoriales. Se dio a la tarea de acrecentar el poder de sus sentidos, inventando y construyendo aparatos que PUEDEN “VER” la luz de la izquierda o de la derecha de nuestra miopía. A la izquierda, detecta el INFRARROJO, LAS MICROONDAS y las ONDAS DE RADIO; a la derecha, los RAYOS ULTRAVIOLETA, los RAYOS X y los RAYOS GAMMA, estos, los más cargados de energía...
Con tales “extensiones” de sus sentidos, el ser humano ha conseguido conocer más acerca del Universo que aquéllo logrado con sólo sus ojos.
Un ejemplo clásico de tales conquistas: vivimos en una galaxia, que tiene una región central abultada, semiesférica, compuesta por cientos de miles de millones de estrellas, que con su masa impiden a nuestros ojos (o a los telescopios) VER el otro lado de la galaxia (nos encontramos ubicados en uno de los brazos espirales de la Vía Láctea, hacia las afueras.) Sin embargo, las RADIOONDAS emitidas por los astros del lado opuesto SI PUEDEN PENETRAR LA MASA DE TANTAS ESTRELLAS Y LLEGAR, ASI, HASTA LOS RADIOTELESCOPIOS AQUI EN LA TIERRA.
Así -y de muchos otros modos- es como ha podido conocerse la forma y la estructura de nuestra galaxia, la Vía Láctea; así es que se cuentan ya por miles los objetos celestes que no emiten luz visible, pero que están perfectamente detectados y ubicados...
Así, y de muchos otros modos, es que se HA HECHO LA LUZ.
Javier Aburto Aburto está destacado en el Planetario de Morelia