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Por Juan Olivares
Pacientemente, se levanta el Sol por el horizonte del Este todas las mañanas; pacientemente parece moverse durante el día, para ocultarse del mismo modo por el Oeste, en las tardes. Con su aparente lentitud nos brinda el tiempo necesario para hacer nuestras actividades cotidianas.
Sin embargo, el Sol, como estrella que es, se encuentra en una actividad apenas imaginable. En su región central, el Sol convierte materia en energía con una potencia equivalente a millones de bombas de Hidrógeno por segundo. El Hidrógeno se convierte en Helio y en Deuterio, en cantidades de 4 millones de toneladas en un segundo. Así, la temperatura en la superficie del Sol es de 6,000 grados centígrados, mientras que en su interior alcanza los 14 millones de grados centígrados... Aun cuando para nosotros es ésta una temperatura muy elevada, el Sol se clasifica como una estrella no muy caliente (¡algunas estrellas alcanzan los 30,000 grados centígrados solamente en la superficie!...)
Podría pensarse que al paso que el Sol convierte materia en energía no se espera que dure mucho tiempo más, pero no es así: el Sol posee una masa cuyo pero en toneladas se representa por un 2 seguido de veinisiete ceros; es decir, 2,000 cuatrillones de toneladas...
La composición del Sol es como sigue: 70% es Hidrógeno, 27% es Helio y 1% de casi todos los demás elementos. El diámetro del Sol es de 1,392,000 kilómetros, y la Tierra cabría dentro del Sol 1,300,000 veces... Debido a su enorme masa, el Sol posee, también, una fuerza de gravedad mucho más poderosa que la de la Tierra, de tal modo que a nosotros nos resultaría muy difícil permanecer de pie, y si lo consiguiéramos, entonces no podríamos caminar porque en el Sol pesaríamos 28 veces más de lo que pesamos en la Tierra.
Finalmente, recordemos que en la superficie del Sol existen regiones donde los gases se encuentran un poco más fríos que en el resto, y que por lo mismo se ven un poco más oscuras; se les conoce como manchas solares y su número aumenta cada once años, provocando serias perturbaciones en las transmisiones aquí en la Tierra y dando origen a la formación de las espectaculares auroras en las regiones polares de nuestro planeta.
Es verdad: el Sol también llegará a su fin algún día; esto es, el Sol detendrá esta febril actividad que favorece y protege la vida en la Tierra. Pero se calcula que el Sol lanzará su último rayo vivificador al espacio dentro de unos 4,500 millones de años...