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Sección Eureka
Algunos Consejos para
El Astrónomo Aficionado
En la astronomía, a diferencia de lo que ocurre con la mayor parte de las demás ciencias, el aficionado puede llegar a desempeñar un papel importante (y, en realidad, muchas veces lo ha hecho.) Hay muchos campos de interés para los aficionados, como el de las estrellas variables (aquéllas que no brillan siempre con la misma intensidad), la búsqueda de cometas y novas, la observación de cambios en la superficie de los planetas, etc.
Algunos aficionados serios están contribuyendo con una labor muy útil, puesto que sus campos de observación no son atendidos por los astrónomos profesionales. Esto se debe a que la mayor parte de los observatorios se interesan, principalmente, en observaciones fotográficas y espectroscópicas de estrellas y galaxias. Así, los astrónomos profesionales tienen poco margen para dedicarse a realizar la gran cantidad de observaciones que requieren para estudiar ciertas cosas (por ejemplo, las estrellas variables irregulares.)
Una de las mayores compensaciones de la astronomía es simplemente mirar al cielo por el gusto de hacerlo. Huelga decir que el firmamento tiene mucho que ofrecer al observador, incluso si este último no posee un telescopio o unos binoculares. Al principio, el cielo parece ser una masa confusa de estrellas pero, poco a poco y con un poco de práctica, llega a ser posible identificar las principales constelaciones, para luego ir completando el cuadro con aquéllas que resultan ser menos evidentes. Y siempre hay la probabilidad (pequeña, pero existente) de que uno sea el primero en descubrir una nova que, de pronto, ha hecho explosión con un fulgor visible directamente.
Si uno conoce bien las constelaciones, una estrella nueva destaca claramente. El reconocer a los planetas y seguir sus movimientos puede ser una fuente considerable de satisfacción, especialmente cuando uno detecta al huidizo Mercurio o al poco brillante Urano. Los meteoros se ven mejor a simple vista y, equipado con un buen reloj y con un mapa celeste, un aficionado puede realizar una gran cantidad de trabajo. El cielo nocturno está cambiando constantemente y siempre habrá algo en él que despierte nuevo interés y emoción.
Unos buenos binoculares mostrarán nuevas y fascinantes alternativas. Con ayuda de ellos puede verse una mayor cantidad de estrellas dobles y múltiples, conglomerados y nebulosas; así como los cráteres de la Luna, los satélites de Júpiter, las fases de Venus, etc. Tome una silla, abríguese bien (porque al cabo de un rato sentirá frío), empuñe unos binoculares y con ellos recorra con la vista la Vía Láctea. ¡Ya verá qué espectáculo!
Quienes deseen más sensibilidad que la de unos binoculares, pueden recurren al telescopio. Existen dos tipos básicos: los refractores (que concentran la luz con ayuda de una lente) y los reflectores (que usan un espejo para concentrar la luz.) Los más populares (debido a la simplicidad de uso y construcción, además de su bajo precio) son los refractores. Muchos aficionados han llegado a hacer sus telescopios refractores ellos mismos, pero existen también modelos comerciales.
Los telescopios reflectores ofrecen aún más sensibilidad que los refractores. Son un poco más complicados de hacer y existen muchas formas de construirlos. Sin embargo, con ayuda de un telescopio reflector (y de una buena montura) pueden hacerse magníficas observaciones. También es posible lograr excelentes fotografías con un telescopio de este tipo.
A continuación escribimos una lista de algunas observaciones realizadas por astrónomos aficionados.
- El Sol. Es útil un registro diario del desarrollo y número de los grupos de manchas solares y, con abundancia de luz, la fotografía tiene muchas posibilidades. EL MEJOR MODO Y MAS SEGURO DE OBSERVAR EL SOL ES POR PROYECCIÓN.
- La Luna. Hubo un tiempo en que la observación lunar constituía un campo casi exclusivo del aficionado, pero la eventual exploración del espacio cambió esa situación. El fijar en un mapa los accidentes de la superficie lunar carece actualmente de valor, salvo si son especialmente interesantes. Sin embargo, pueden registrarse características especiales, tales como protuberancias y bandas oscuras en los cráteres. También son muy valiosas las observaciones de fenómenos pasajeros, tales como destellos de colores y cosas parecidas. Para hacer observaciones de este tipo se requiere de un telescopio de cierta potencia.
- Venus. Es muy poco lo que puede observarse en la capa de nubes que cubre el planeta, salvo unas pocas porciones caliginosas que deberían registrarse, de ser posible. También pueden ofrecer algo de interés las porciones brillantes que aparecen a veces cerca de los extremos del cuarto creciente. Una característica interesante de Venus es la anomalía de las fases (efecto Schröter.) El momento en el que Venus se encuentra en la fase de media luna se conoce con el nombre de dicotomía y debería ocurrir exactamente como se predice. Sin embargo, la dicotomía nunca parece producirse a tiempo y las observaciones de esto son útiles.
- Marte. Pueden verse muchas características de su superficie y se requieren dibujos detallados de su desarrollo, colores, etc., así como observaciones de los casquetes polares, nubes y otras características. Es útil un juego de filtros de color (que también pueden emplearse en las observaciones de la Luna.) No obstante, Marte representa un pequeño disco visto desde la Tierra y, para un trabajo realmente útil, se necesitan telescopios bastante grandes. Sin embargo, Marte constituye un mundo fascinante.
- Júpiter. El planeta gigante resulta sumamente fructuoso para el aficionado. Con un telescopio reflector mediano pueden verse muchísimos detalles y los cinturones de nubes están siempre en movimiento, cambiando a veces de manera espectacular. Lo que se necesita son observaciones de tránsito, es decir, observaciones de los tiempos, con precisión de un minuto, en que varias manchas, protuberancias, concavidades, etc., en los cinturones de nubes pasan por el punto central (el meridiano central) del planeta. Es útil referirse a algunas tablas, cuyos datos serán de gran ayuda para poder seguir sus movimientos.
- Saturno. Para muchos, el planeta de los anillos es el más bello. Desgraciadamente son muy pocos los detalles que pueden verse de su superficie. Sin embargo, cuando aparecen, deben registrarse de la misma manera en que se hace con Júpiter. La gran mancha blanca que apareció en el planeta en 1933 fue descubierta por un aficionado. También son necesarias las observaciones de la intensidad de los anillos y de sus sombras.
Todas las observaciones planetarias deberán consignar la fecha, el tiempo, el nombre del observador, el tamaño y el tipo de telescopio, el aumento y algunas anotaciones que describan brevemente las condiciones de observación.
- Estrellas variables. Es éste un campo muy bueno para el aficionado. La observación de las variaciones de largo periodo del brillo y de las variables irregulares en particular se deja, en gran parte, a cargo de los aficionados. La técnica para comparar el brillo implica comparar las variables con varias estrellas que sirven de referencia, de magnitud similar a la variable en cuestión. Es importante que estas observaciones se realicen en largos periodos, cuando pueda efectuarse una gráfica de las variaciones de intensidad. Algunas variables pueden observarse a simple vista, pero muchas más con binoculares o telescopios.
- Novas. La observación sistemática del cielo con binoculares o telescopios (o incluso a simple vista) puede conducir, con algo de suerte, al descubrimiento de novas. La probabilidad de descubrir una nova es muy pequeña, pero uno de tales descubrimientos es de la mayor importancia. La posición y el brillo deberán consignarse cuidadosamente.
- Cometas. Pueden buscarse de un modo parecido a como se hace con las novas. El “barrer” cuidadosamente el cielo es esencial, y la probabilidad de encontrar un cometa de escaso brillo es mucho mayor que en el caso de las novas. Se requiere un telescopio de poco aumento y de amplio campo visual. Los binoculares potentes son muy útiles.
- Meteoros. Lo que se necesita para esto es muy simple: un buen mapa o atlas estelar, un reloj (con precisión de un minuto), una regla y una cobija (para no resfriarse.) Los meteoros esporádicos pueden observarse cualquier noche y las lluvias de meteoros sólo en determinadas ocasiones. Cuando se observa un meteoro, habrá que anotar su brillo, cualquier característica interesante, la hora y el camino recorrido (empleando la regla sostenida con el brazo extendido.)
- Auroras. Estos bellísimos fenómenos se observan mejor en las latitudes polares y, naturalmente, cerca del máximo de las manchas solares. Pueden estudiarse visual o fotográficamente. Puntos útiles para anotar son las formas que presentan, tales como rayos, cortinas y arcos (en este último caso, la altura del arco sobre el horizonte), así como los colores, que a menudo presentan matices muy delicados con predominio de verdes y rosados. También es conventiente tener un registro de la hora y de la duración del fenómeno.