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Sección Eureka
¿Crees en los Ovnis?
La pregunta se formula como si se inquiriera acerca de la existencia de Dios. Creer o no creer en los ovnis, o si el lector prefiere en los platillos voladores (pues alguien se encargará de señalar que, en tanto que Objetos Voladores No Identificados, los ovnis no dejan dudas de su existencia) es al parecer una cuestión de fe. Al igual que cuando se debate sobre la existencia de Dios, los partidarios de uno y otro bando proporcionan argumentos en apoyo de sus respectivas posiciones. Por desgracia, ni las tesis de los unos ni las de los otros pueden ser concluyentes, pues de un lado siguiendo la filosofía de un maestro mío que advertía a quien se justificaba por no llevar la tarea: “la única excusa que acepto es su cadáver”, la única demostración de la existencia de los platillos voladores sería la presentación de los mismos; por el otro lado, la no aparición de platillos de ninguna manera prueba que mañana no vendrán.
En tales circunstancias, las condiciones para el debate y la especulación son inmejorables, en tanto el primer marciano aguafiestas no aparezca. Mientras tanto, ¿cuáles son las razones principales para creer o no creer en los ovnis?
El argumento más importante a favor de su existencia es la gran cantidad de estrellas que existen, de entre las cuales muy probablemente algunas tengan un sistema planetario en el cual se haya desarrollado alguna forma de vida inteligente. El segundo argumento en el mismo sentido es el desarrollo de nuestra propia tecnología. Hace más de cien años el hombre estaba obligado a desplazarse sobre la superficie de la Tierra a expensas de su fuerza muscular o de la de algunas bestias de tiro. Pensar en que los contemporáneos de Su Alteza Serenísima podrían hacerse hoy de la energía nuclear, da pie para creer que otras organizaciones sociales más avanzadas habrán resuelto de manera inimaginable para nosotros, problemas cuya solución nos parece imposible y algunos cuya existencia ni siquiera sospechamos.
En tanto resulta una mera especulación la posibilidad de civilizaciones más desarrolladas, por no decir más inteligentes, poseedoras de tecnologías avanzadísimas, la ciencia del siglo xx, todo lo humilde que se quiera, es una realidad. Esta ciencia acepta como hecho que ningún objeto cuya masa sea real, es decir de los que conocemos, puede moverse a una velocidad superior a la de la luz. Cierto que la velocidad de la luz es grandísima, casi trescientos mil kilómetros por segundo, pero el Universo también lo es.
Si se pudiera viajar a la velocidad de la luz, se necesitarían alrededor de once horas para atravesar nuestro sistema solar. La estrella más próxima, después del Sol, es la estrella Alfa de Centauro, que se encuentra a cuatro años y medio de viaje a la velocidad de la luz. Las sondas estadounidenses enviadas durante las dos últimas décadas hacen concebir muy pocas esperanzas de que exista vida en cualquiera de los otros planetas del sistema. Aun suponiendo sociedades capaces de desarrollar vehículos que se muevan a velocidades cercanas a la de la luz, lo cual no es el menor de los problemas, nos encontraríamos a cinco años de viaje a la más cercana de las posibilidades.
Otro argumento empleado frecuentemente por la gente que defiende la existencia de los platillos voladores es el gran número de testimonios. Personalmente, nunca he visto un ovni; eso no sería, sin embargo, razón suficiente para que yo no crea en su existencia. En primer lugar, porque soy muy distraído, nunca ando viendo para arriba y vivo en la capital de México, donde es muy difícil ver objetos voladores identificados o no. En segundo lugar, porque hay muchas cosas y gente en cuya existencia creo sin haberlos visto jamás: La república del Tchad, Margaret Thatcher y la estructura atómica de la materia, son algunos ejemplos.
No obstante, comparto la opinión de que un análisis serio de la mayoría de los testimonios no revelaría sino una interpretación errónea de fenómenos físicos más o menos corrientes. De hecho, el Informe Condon, que da los resultados de las investigaciones realizadas por la Fuerza Aérea estadounidense, aunque reconoce algunos casos que no pueden ser elucidados, dice que el fenómeno ovni no amerita una investigación de grandes proporciones.
Arthur C. Clarke, quien junto con Isaac Asimov es el segundo mejor escritor de ciencia ficción, según un pacto celebrado entre ambos, en su libro El Desafío de la Nave Espacial (artículos 19 y 22) da la explicación de algunos objetos voladores que él vio. De especial interés resulta el relato sobre el día en que discutiendo con el cineasta Stanley Kubrick, en la terraza del departamento de éste, en Nueva York, ambos vieron un ovni. El desconcierto fue total, pues se habían reunido para aclarar algunos detalles de la filmación de 2001: Una Odisea del Espacio. Clarke cuenta que llegó a pensar en que los extraterrestres querían impedir la filmación. Kubrick quiso contratar un seguro contra la eventualidad de que la llegada de extraterrestres perjudicara el éxito comercial del filme. Una breve investigación del autor de 2001 mostró que el ovni observado no era otro que el satélite Eco 1, cuyo paso inexplicablemente no había sido anunciado por el “Times” de Nueva York. ¿Cuánta gente de la que dice haber visto un ovni, está al tanto de los horarios del paso de satélites artificiales? ¿Cuántos cotejan sus observaciones con datos de este tipo?
Estos son algunos de los argumentos para que el lector forme su opinión, en espera de que algún extraterrestre venga a sacarlo definitivamente de la duda. Mientras tanto, le aconsejo que a la pregunta de marras conteste usted : “como pué que sí, como pué que no, lo más seguro es que... ¡quién sabe!”